Hola chichis!!! Cuando era chica estas lámparas me encantaban, pero también me parecían bastante siniestras. Tal vez porque su trama de hilos y cadenitas atrapa las gotas de vidrio como lo haría la tela de una araña, o tal vez por el nombre, tan triste: lámpara de lágrimas. Y aunque entonces yo no lo sabía, a veces son también una amenaza, como las legendarias lámparas de la ópera que caen sobre el público o sobre alguna que otra actriz si se viste de amarillo.
Pero, sobre todo, yo creo que si me daban un poquito de cosa era porque siempre estaban en lugares finos en los que no se podía correr, gritar ni jugar; lugares tan grandes que, por mucho dorado que se les pusiera, por muchas lámparas y velas, siempre estaban algo oscuros. Espacios que olían a barniz oscurecido y a alcanfor, con retratos fantasmagóricos y armaduras de latón en las esquinas, pero poca, poquita vida.
Y aún así, ¿quién no quiso alguna vez comerse sus cristalitos, uno a uno, o sacudirlos y hacerlos sonar? Pero la manita nunca los alcanzaba. Solo podían mirarse, como un oscuro objeto de deseo. Estas lámparas representan riqueza y poder, acumulación familiar y exclusividad. Y son un testimonio del polvo y la caspa de los siglos, conservado aún en tantos lugares de privilegio... o en tantas imitaciones kitsch.
Anoche soñé con una de estas lámparas: parpadeaba sin llegar a encenderse del todo. Y pensé, qué buena metáfora para ilustrar la oposición de Júpiter en Leo y Plutón en Acuario. Una lámpara que cortocircuita y no enciende, una lámpara que no alumbra. Que asusta. Que advierte sobre lo que no se puede ver: una energía rara y densa, como de oleaje que se recoge antes de retornar, inmenso, para transformarlo todo.
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Hoy, 20 de julio, Júpiter y Plutón hacen una oposición exacta en el 4º de Leo y Acuario. Y lo hacen con la complicidad de Urano y Neptuno, que les hacen aspectos armónicos.
Como sucede con todas las oposiciones de planetas lentos, representa un momento culminante en un ciclo de carácter social y colectivo. En este caso, de un ciclo que llega hasta 2033.
Este ciclo comenzó en 2020, cuando Júpiter y Plutón se unieron tres veces al final de Capricornio. Desde entonces, en 2022, 2023 y 2024 estos dos planetas han estado abriendo cambios sustanciales en la economía, la política y el poder, la ley y la justicia, la narrativa social, la enseñanza, las creencias y la noción de verdad.
La aventura de estos últimos seis años nos trae hasta aquí. ¿Algo simbólico llamó tu atención? ¡Júpiter y Plutón hacen algo visible, sacan algo oculto a la luz! Si notas grandes resistencias podrían ser un buen hilo conductor para investigar.
Te dejo algunas preguntas:
1. En estos seis años... ¿Cómo cambió la narrativa del poder, la riqueza y la desigualdad? ¿Cómo cambió la noción de lo que es bueno y justo?
¿Qué se toleraba que ahora se condena, qué se condenaba que ahora se tolera? ¿Qué temores afloraron? ¿Qué se controla, esconde y reprime más? ¿Qué respira con más apertura?
¿Cómo cambió tu mirada? ¿Cómo creció tu filosofía de vida? ¿Y tus creencias? ¿Tu ideología? ¿Cómo entiendes la convivencia de la luz y la oscuridad, el bien y el mal? ¿Cómo articulas el terror y la fe?
Júpiter en Leo y Plutón en Acuario van a aupar su drama muy pronto, cuando los Nodos también entren en ese eje de signos. Tal vez haya algo de estos últimos 6 años que necesitamos afrontar de un modo nuevo. ¡Esta oposición ilumina lo que necesita ser transformado!
¿Tal vez en estos últimos seis años has aprendido mucho, y estás lista para comprender más allá?
Feliz semana!
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