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Venus y el arquetipo universal de la Diosa Madre


Hola chichis!!! Tendemos a imaginar la historia como una línea recta de progreso, como si la actualidad fuera la cúspide del desarrollo, la libertad o la igualdad.

No hay ninguna duda de que una vida con atibióticos, duchas, microondas y seguridad social (por poner algunos ejemplos) tiene muchas ventajas. Pero en el pasado de la humanidad hay valiosas joyas conceptuales y simbólicas que casi hemos olvidado.

Una de ellas es un arquetipo que podemos encontrar en casi todas las culturas del mundo, en todas las épocas, y que a mí me tiene totalmente fascinada: el arquetipo de la Diosa Madre. 

Cada cultura le dio un nombre distinto: Tiamat (Sumeria), Ishtar, Innana y Ninsuna (Mesopotamia), Asera (Canaán), Isis (Egipto), Áditi, Durga, Maya, Deví y Párvati (India), Umái (Turquía), Ot (Mongolia), Annan y Dana o Danu (Irlanda), Nerthus (Europa Central), Freyja y Njörðr (Europa del N), Mari y Amalur (País Vasco), Coatlicue y Chimalma (México), Pachamama (América del Sur), Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco (Caribe), Gea, Rea, Cibeles y Afrodita (Grecia) y Magna Mater y Venux Genetrix (Roma).

En esencia, la Diosa Madre concentra simbólicamente algo que está en la raíz misma de la especie humana: la madre, la fertilidad, la sexualidad, la vida y la naturaleza. Es un arquetipo de energía puramente femenina, misteriosa y poderosa. 

El famoso mitólogo, James Frazer, sugirió que la presencia del arquetipo de la Diosa Madre en tantas culturas tiene su origen en sistemas sociales matriarcales que habrían tenido lugar en el neolítico.

No existe prueba de que fuera así, ni de que existiera de hecho el matriarcado. Pero al analizar el antiguo arquetipo de la Diosa Madre es evidente que tiene mucho significado para el empoderamiento femenino. Las personas que creían y adoraban a estas diosas debieron tener un concepto de la mujer muy positivo y poderoso.

Hoy nos parece evidente analizar la fertilidad y el origen de la vida desde un punto de vista científico, racional y médico, y tendemos a dejar al margen del tema la cuestión principal: el misterio inexplicable de la vida. Los mitos trataban de explicar ese misterio y de aproximarse a él a través del ritual.

Hasta más bien tarde en la historia de la humanidad, no se sabía que el semen tuviera algo que ver con la fecundación. Las antiguas poblaciones humanas creían que las mujeres podían tener hijos espontáneamente, gracias a su misterioso poder femenino.

De ahí que, en muchos panteones de la Antigüedad, la Diosa Madre fuera la deidad principal. Al fin y al cabo, era la dadora de vida. 

Pero ese poder femenino tan esencial para la vida también resultaba intimidatorio. En el momento en que se advirtió la relación entre el sexo, el semen y la fecundación, la mujer perdió reconocimiento social progresivamente. Y eso tuvo que ver también con la emergencia de nuevos dioses masculinos, "dadores de vida", o Dioses Padre. 

Un cambio cultural importantísimo y progresivo cuyas consecuencias se extienden hasta la actualidad.

Existe un paralelismo histórico entre el desarrolo de la propiedad privada que se lega de padres a hijos, y la práctica de controlar y reprimir la sexualidad de las mujeres. Una vez que se supo de la participación masculina en el origen de la vida, controlar a las mujeres fue la forma de asegurar la paternidad de la descendencia. Eso llevó a considerar a las mujeres algo así como una propiedad, y una subrogada de su marido.

Sin embargo, a pesar de los tenaces intentos por oprimir la sexualidad de las mujeres, los sistemas patriarcales no pudieron erradicar el poderoso arquetipo de la Diosa Madre de nuestro imaginario.

Tanto es así, que hasta el cristianismo acabó por reconocer a la Virgen María, que durante los primeros siglos de la cristiandad no había tenido ningún papel relevante en el culto, como la Madre de Dios, y la Madre de todos los hombres, que concibió sin participación masculina.

No hace falta que aclare que, de todas las manifestaciones del arquetipo de la Diosa Madre, la Virgen María es el que menos despierta mi curiosidad. Al fin y al cabo, es una apropiación de un mito para desactivar su potencial transformador, porque, a diferencia de las Diosas Madre de la Antigüedad, la Virgen María es sumisa, y concibe porque se lo dice "Dios Padre".

Pero el hecho de que el viejo arquetipo de la Diosa Madre haya llegado a filtrarse en una religión tan patriarcal como la católica, hace evidente la fuerza del arquetipo femenino en las raíces de nuestro imaginario colectivo.

Las Diosas Madre más antiguas tienen el plus de que disfrutan del sexo, hacen lo que consideran oportuno sin preocuparse por ser complacientes, y como todas las deidades antiguas, ejercen su poder, derraman sangre, expresan ira, aman y son amadas por múltiples seres, y tienen un cuerpo que disfruta. Gobiernan sobre la naturaleza y sobre la vida.

La similitud que hay entre las diferentes Diosas Madre de todas las culturas es tan evidente, que Jung las identificó con el arquetipo astrológico de Venus. ¿Recordáis cuando os escribí sobre los ciclos del planeta Venus y la flor de la vida

Venus siempre se ha considerado un planeta especial, dador de vida, porque con su trayectoria dibuja una rosa en el firmamento, y porque sus tiempos son muy semejantes a los de la vida humana. Por ejemplo, hace conjunciones con el Sol cada 9 meses.

Muchas veces se considera que Venus es simplemente el planeta del amor. O se considera que su efecto es ligero, o poco trascendente. Pero en el arquetipo de Venus están los misterios del origen de la vida, y las raíces mitológicas del empoderamiento femenino.

Su significado profundo representa una poderosa energía femenina. Y orientar la interpretación de Venus hacia la belleza, la armonía y las relaciones deja en el tintero su potencial para el empoderamiento femenino.

Hay algo indiscutible y evidente, que en nuestra cultura se trata como un asunto sin demasiada importancia: todas las personas venimos de una mujer. Todas las personas estamos aquí porque una mujer nos parió. Las mujeres somos la puerta de entrada a este mundo. Y ninguna cultura patriarcal podrá nunca con esta verdad: mamá.😉

Recordar algo tan simple y esencial desvela la profunda dignidad e importancia de Venus como arquetipo femenino. Conectar con la energía de Venus es una fuente de crecimiento personal para todas las personas, se identifiquen con el género que se identifiquen, y tengan la sexualidad que tengan.

Si queréis ver un ejemplo del poder que estas diosas venusinas tenían en la Antigüedad, y entender su significado profundo, os invito a que leáis este poema feminista de hace 4000 años, en el que la diosa sumeria Inanna desciende al inframundo para volver a nacer.

Gracias mil por leer. Un abrazo chichis!!!

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